sábado, febrero 25, 2006

El Comienzo

Cuando me dijeron que había muerto, parecía que el corazón me había dado un vuelco. Era mi amigo, no sé, no podía llorar, solo que no entendía. Pasó por mi cabeza, sin siquiera pensarlo, lo que leí aquella vez. Siempre te vas muy temprano o demasiado tarde, jamás a tiempo. Nadie, leí aquella vez, muere al mediodía. Tampoco esta vez fué la excepción. Era demasiado temprano, inesperado, como la misma muerte. Recuerdo que de verdad no entendía. Anduve muchos días pensando. En medio de la normalidad, surgía, de nuevo inesperada, ¿por qué?, ¿por qué?. Luego, comprendí, o creí comprender, como mi corazón de nuevo dió otro vuelco, lo mas probable que haya marcado un antes y un después. Surgió, para alojarse por siempre, como un estigma en el mismo entendimiento, la conciencia de mi propia muerte. Antes creí haber llegado o encontrado, que es lo mismo, sin embargo, ocurrió lo inesperado. Creía que solo debía vivir, me bastaba con lo que tenía, lo que había aprendido se desvanecía, la verdad de la muerte inesperada, la muerte cercana, se adicionó a mi sombra, y ya no solo me bastaba con vivir, debía agregar el morir.