Los caminos del ser humano, a partir de su relación con el entorno, de la relación social, de la relación solidaria, ha dado motivo a toda clase de silogismos, desde que el mundo es mundo, tal vez no tanto, desde que el hombre empezó a entender, aunque tal vez sea, desde que empezó a sentir, a reconocer sus sentimientos, a ver en sus semejantes la posibilidad de la relación abstracta, aquella que nace del instinto natural, de la simpleza de los primeros días, del comienzo, cuando empezamos a reconocernos en los demás.
Está claro, es a partir de aquella situación que las cosas empiezan a complicarse, nacen las diferencias, ya no vemos solo la forma del rostro, las huellas que definen, como en el árbol, la vida y su transcurrir, llegamos mas allá, se le llamó corazón, luna, sol, lluvia, tierra, algún nombre debía identificarlo, el rostro se torna invisible, pantalla de aquel reflejo desbordante, espejo...