La dignidad parecía un juego. Quizás me equivoque y en realidad era un juego. Era cosa de ver, las bromas se mezclaban con las intimidades. Entonces, cabía preguntarse ¿hacían lo mismo en sus casas, con sus hijos y compañeras? De esto se puede desprender la razón por la cual las relaciones se tornaban frágiles, ligeras, inconsistentes, como no, si se trata de seres reales, desmoronándose dentro de un círculo de repeticiones infinitas, calcado, palmario hasta la saciedad, tornándose en un medio de vida necesario e insustituible.
Es el juego de la dignidad. ¿Se puede vivir sin dignidad? Sí. ¿En cualquier medio? Antes ¿qué es la dignidad? Principio inherente al ser humano, humanos como ellos, ejerciendo el derecho de pertenecer al supremo círculo, más que nada para ser aceptados, por la necesidad de llenar sus vidas de alguna forma. De ellos se puede hablar como grupo, comunidad, asociación, cofradía, compañía, donde se imponen los límites y se somete al cofrade a las leyes que rigen el trato. Queriendo decir con esto que deben dar pruebas de su exigua emocionalidad convirtiéndose en el gracioso y ridículo de turno, capaz de someter a cualquiera a tratos crueles o degradantes.
El medio siempre era el mismo. Algunos con más o menos tiempo girando en la eterna arandela. No cabía duda. La gracia residía en el comportamiento parejo. El juego debía continuar en el hogar, la señora, los niños, todos los familiares debían pagar su moneda para ser permitidos en la corriente subterránea que domina sus relaciones. Ante la máxima de que el lenguaje revela la personalidad, se puede deducir que la cofradía era un núcleo cerrado de seres mecánicos, como fabricados en serie. Es muy difícil encontrar alguna diferencia entre ellos ……………