lunes, diciembre 10, 2007

LA SUPREMACIA

La primacía de unos y otros, sugería un acalorado estado de ánimo. Están demasiado quietos, además de sentirse mal. Son los que más hablan a la hora de mostrarse. Pero, los corriente contínua se sienten seguros, incluso, un tanto arrogantes miran al resto. La cadena del valor les ha asignado un primerísimo lugar. No permanecerán mucho tiempo y en breve estarán a las puertas como valiosos reemplazantes de la inminente caída de sus similares. En cambio, la mayor parte de los corrientes alternas, arrastrados a un tránsito infinito de desprecio e ignorancia, algún día partirán, será cuando la presión del correo electrónico junto a las innumerables peticiones de sus dueños se hagan escuchar.
Un día que registraba sus datos, le oí quejarse. Su placa característica me hablaba de sus cualidades. El concentrado adherido a sus costados algo me decían de su actividad, aunque se daba importancia, yo no le entendía. Me decía que tenía que revolver un gran estanque de ácido todo el día a la intemperie. Me decía que su fuerza era transmitida hacia unas correas conectadas a un complejo mecanismo de transmisión y cuando este fallaba, casi siempre le echaban la culpa a él. Me decía que en el día, sobre todo si había sol, se calentaba mucho y en la noche era apenas una tibieza que alcanzaba a lograr. Había cosas extrañas en su placa, no entendía. Su coseno Fi lo había escuchado en alguna oportunidad, pero no sabía que era. Tampoco entendía su IP. Sin embargo, creía comprenderlo. Comprender sus sentimientos, su calamitoso estado alentó una fuerte compasión de mi parte. No se distinguía su color, en cambio, un gran costrón grisáceo cubría todo su maltratado físico. Su eje con signos evidentes de mal trato, además, del ventilador quebrado sin la protección. Sabe que si está quemado tendrá que esperar mucho tiempo, tiene quien lo reemplaza y su ausencia no se notará.
Se aprecia cansado ó más bien triste. Se esfuerza por callar, disimula bastante bien sus estropeados sentimientos, no podrá quedarse con los rodamientos. Mas de alguien, inmisericorde, propondrá su baja, a decir verdad su aspecto en nada le favorece. No sabe en qué momento extravió el cubre-ventilador. Recuerda el esfuerzo extremo que estaba haciendo antes del colapso, antes de la súbita interrupción, antes de caer en la inconsciencia total.
Al principio en varias oportunidades recibió una visita que le metía el gancho entre sus cables, luego, anotaba riguroso sobre una bien cuidada tablilla. Recuerda, también que en una sola oportunidad le pusieron el sensor para medir su pulso, sin embargo, veía casi con envidia como sus hermanos más grandes constantemente recibían la esperada visita de más de uno. Muchas veces pasaban mañanas enteras acompañados, incluso, hasta de repente los dejaban descansar por un tiempo, cosa que para él era bastante rara. Por lo menos hace un tiempo, recibía de vez en cuando una visita que le insuflaba un poco de refrescante lubricación, pero ahora que están de moda los rodamientos sellados…Esta falta de aprecio, de seguir así, sería caldo de cultivo para desarrollar una baja en la auto-estima, pues el valor se da por la permanencia en el mantenimiento mayor, es decir, entre menos días, mejor, la importancia está en el tiempo.
Cuando notó que se calentaba más de lo normal, pensó en su aislación. El debilitamiento progresivo de sus fuerzas lo hizo dudar, sin embargo, no se imaginó nunca que uno de sus hermanos había sufrido un ataque fulminante y el trabajo lo siguieron haciendo solo entre dos. Después cuando vino la inundación y nadie reparó en ello, era demasiado tarde. Quedaron tapados hasta el cáncamo del pastoso barro...